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Intervenção do Governador Carlos da Silva Costa no Almoço-Colóquio da Cámara Hispano Portuguesa de Comercio e Industria - Madrid

Buenas tardes, Sr. Embajador, estimados/as señoras y señores, quisiera agradecer a la Cámara Hispano Portuguesa y al resto de Instituciones involucradas en esta Organización y decirles, sinceramente, que es un placer estar aquí con Ustedes.

Mi intervención de hoy va versar sobre los desafíos inmediatos y los desafíos a medio plazo a los que se enfrenta la economía portuguesa.

Es importante que tengamos presente que no podemos valorar y responder a los desafíos inmediatos sin reflexionar, en primer lugar, sobre los desafíos a medio plazo con los que se enfrenta la economía portuguesa.

Los marineros Bálticos dicen que no hay tempestades para los marineros que conocen los puertos hacia donde se dirigen; sólo hay tempestades para aquellos que no saben hacia dónde van. De la misma forma, necesitamos saber cuál es la realidad y cuáles son los desafíos que Portugal se va a encontrar al final del “Programa de Asistencia Financiera”, para que podamos definir y ordenar nuestras prioridades.

La economía portuguesa se encuentra en un proceso de ajuste que no puede, ni debe, ser considerado como una mera consecuencia de la crisis financiera internacional. La crisis portuguesa es resultado de una acumulación de desequilibrios y refleja, en particular, la trayectoria insostenible del endeudamiento público y del endeudamiento privado. El problema económico portugués también refleja, por otro lado, la ausencia de un proceso de desarrollo sostenible.

Aunque la corrección de estos desequilibrios haya sido  desencadenada por los efectos de la crisis financiera internacional, es necesario tener presente que el endeudamiento creciente del Estado, de las familias y de las empresas portuguesas no hubiera sido sostenible, incluso en un contexto financiero internacional más favorable. El ajuste sería, en todo caso, un imperativo innegociable.

La trayectoria insostenible del endeudamiento, público y privado, es el resultado de un escenario financiero internacional que permitió que los tipos de interés en Portugal no divergieran significativamente de las tasas de países europeos con mayor tradición de estabilidad macroeconómica. Simultáneamente, el país se benefició del acceso a un mercado financiero que permitía satisfacer la obtención de créditos a bajo coste.

A partir de mediados de la década de los 90, se registró un periodo de fuerte expansión del gasto privado, relacionado, en particular, con el consumo y con la inversión inmobiliaria. El sector público siguió una trayectoria similar de endeudamiento y no se adoptó, como hubiera sido necesario, una estrategia que mitigara el calentamiento de la economía.

El ahorro interno alcanzó mínimos históricos y la colocación de los recursos disponibles promovió el desarrollo del sector de bienes no comercializables. El endeudamiento externo, medido por la posición de inversión internacional, aumentó significativamente.

La trayectoria del endeudamiento público y del endeudamiento privado no era sostenible, si bien, en un contexto internacional desfavorable como en el que vivimos hoy, el ajuste se hace aún más difícil y más urgente.

Y el problema portugués no es sólo un problema de consolidación presupuestaria y de desequilibrio externo. La crisis portuguesa refleja la ausencia de un proceso de desarrollo sostenible que requiere la aplicación de políticas económicas que garanticen la estabilidad de las finanzas públicas y de la deuda externa y, simultáneamente, aumenten el valor añadido por trabajador al tiempo que generen empleo.

El desafío a medio plazo para mejorar la economía portuguesa es precisamente ese: hacer de Portugal un país más productivo y, al mismo tiempo, capaz de proporcionar a su población un ingreso per cápita, un bienestar y un nivel  de empleo superiores.

Y no es posible colocar el país en una trayectoria de crecimiento sostenible descuidando la estabilidad de las finanzas públicas y la estabilidad de la deuda externa. La estabilidad de las finanzas públicas y de la deuda externa son, al igual que el incremento de la productividad y del empleo, variables fundamentales del proceso de desarrollo sostenible.

La “nueva normalidad”

Es importante reflexionar ahora sobre la realidad que seguirá al periodo de ajuste y sobre los desafíos que, en esa “nueva normalidad”, se le presentarán en la economía portuguesa.

Si la ejecución del programa de ajustes es adecuada, el endeudamiento de los diversos sectores institucionales entrará en una trayectoria descendente, forzado por la reducción del gasto interno y por el aumento significativo de las exportaciones.

Mientras tanto – y es importante subrayarlo – los niveles de endeudamiento público y privado permanecerán muy elevados.

De acuerdo con las proyecciones:

  • El endeudamiento externo neto, medido por la posición de inversión internacional, deberá situarse cerca del 124 por ciento del PIB en 2014;
  • El ratio de la deuda pública deberá ser cercano al 108 por ciento del PIB;
  • El endeudamiento de las familias permanecerá por encima del 100 por ciento del ingreso disponible;
  • El endeudamiento de las sociedades no financieras será del orden del 114 por ciento del PIB.

Si los niveles del endeudamiento público y del endeudamiento privado continúan elevados, las necesidades de financiación de la economía seguirán siendo, también, elevadas. Así pues, la economía portuguesa continuará dependiendo en gran medida de los mercados financieros internacionales.

Sin embargo, el acceso a los mercados financieros internacionales no será tan fácil como en el pasado. Habrá un escrutinio significativamente mayor del riesgo asociado a las operaciones de financiación, tanto del sector público como del privado, y menor tolerancia a los niveles de apalancamiento. 

En la “nueva normalidad” de los mercados financieros internacionales, sólo será posible refinanciar la deuda existente con primas de riesgo relativamente bajas si se produce un cambio significativo de la percepción del riesgo de la economía portuguesa.

Y la percepción del riesgo de la economía portuguesa sólo cambiará si se cumple escrupulosamente el programa de ajustes en curso y si, simultáneamente, se adopta un nuevo paradigma en la definición de la política macroeconómica y presupuestaria así como en el comportamiento de todos los agentes económicos. Por estas razones, la disciplina financiera del sector público y de los restantes agentes económicos es un desafío que estará presente en la “nueva normalidad”.

Consolidación de las finanzas públicas

La estabilidad de las finanzas públicas es una condición esencial del proceso de desarrollo sostenible que deberá seguir al ajuste.

En una primera fase, de mayor urgencia, se entiende que la consolidación de las cuentas públicas debe concretarse a partir de recortes generalizados en el gasto. Sin embargo, en una segunda fase, el enfoque tendrá que ser diferente, porque la reducción generalizada del gasto público comprometería el proceso de desarrollo sostenible. El crecimiento sostenible de la economía portuguesa depende de la calidad de los bienes y de los servicios públicos prestados.

En esta segunda fase, tendremos, por tanto, que reflexionar sobre las funciones que el Estado debe desempeñar. Esta elección deberá reflejar las preferencias reveladas por la sociedad y, simultáneamente, los niveles de tributación que la sociedad está dispuesta a tolerar para beneficiarse de esas funciones.

Esta ponderación exigirá tiempo y tendrá que ser acompañada  por una evaluación del coste de producción de bienes y prestación de servicios públicos. Sólo así tendremos una economía más eficiente y más competitiva a nivel internacional.

Es necesario reformular y centralizar el modelo de decisión de las inversiones públicas, priorizando la inversión en función del rendimiento económico esperado.

Por otro lado, es importante destacar las funciones de regulación del Estado. La función esencial de un Estado moderno no es producir. El Estado debe supervisar el funcionamiento de los mercados productivos y del trabajo, eliminando los obstáculos existentes para la eficaz reasignación de los recursos productivos hacia los sectores más competitivos, sólo debiendo interferir en la lógica de la oferta y de la demanda para corregir fallos del mercado o para valorar reconocidos resultados de la inversión.

Los desafíos de las familias y de las empresas

La escasez de ahorro interno es una característica estructural y una vulnerabilidad importante de la economía portuguesa.

Para que podamos mitigar el desequilibrio externo de la economía portuguesa es, por tanto, fundamental que las familias aumenten su tasa de ahorro, ahorrando más, invirtiendo de forma más clara y accediendo al crédito de forma más responsable.

Es igualmente necesario que las empresas inicien un proceso de desapalancamiento, anteponiendo la auto-financiación al reparto de  resultados. Sin embargo – y este es un aspecto importante – el desapalancamiento deberá ser cauto y preservando aquellas inversiones que garanticen ganancias de cuota de mercado en los mercados internacionales.

En ausencia de una respuesta por parte de las empresas, estimulando la producción de bienes y servicios comercializables, el objetivo de la reducción del déficit externo estará seriamente comprometido y asistiremos a un deterioro del empleo y a la disminución de los ingresos.

Y el incremento de los bienes y servicios comercializables tiene que partir del tejido empresarial ya existente. Es con las empresas que tenemos, con el capital social y capital humano disponible con los que tenemos que avanzar.

Resulta necesario revisar los factores que limitan la capacidad de respuesta de las empresas a las oportunidades y a las amenazas del contexto en el que se encuentran. En particular, tenemos que promover la gestión profesionalizada de las empresas, con una clara separación entre las funciones de gestión y la propiedad. El capital, para ser retribuido, no tiene que llevar aparejada la gestión, como consecuencia de una lógica de control de dicha gestión, que lleva asociado un esquema de incentivos perverso.

Por otro lado, es particularmente importante actuar en el sistema de resolución de los conflictos económicos y financieros de las empresas, encontrando formas de conciliar la flexibilidad de la organización y la protección del trabajador. En Portugal, se tiende a proteger al trabajador inmovilizando su puesto de trabajo. Es preciso diferenciar ambas cosas y cuanto más rápido lo hagamos, más fácil será el reajuste del tejido productivo.

Otro aspecto particularmente relevante es el sistema nacional de innovación, formado por los subsistemas de educación, formación profesional y de investigación. El sistema nacional de innovación determina la creación del valor y su extensión hacia la creación de empleo. No hay innovación sin educación, sin formación profesional y sin investigación. Pero educación, investigación y formación profesional no garantizan el desarrollo sin un puente claro entre el tejido productivo, las necesidades de la economía y el sistema nacional de innovación.

Solidez y eficiencia del sistema financiero

La solidez y la eficiencia del sistema financiero portugués son elementos claves para el desarrollo sostenible de la economía portuguesa, dado el papel crítico que el sistema financiero desempeña en la financiación de la economía.

El sistema financiero portugués es sólido, pero hay que tener presente la necesidad de reforzar esa solidez, un objetivo que, de hecho, está en consonancia con el esfuerzo de desapalancamiento exigido a las familias y a las empresas.

El sistema financiero portugués debe prepararse para responder a las nuevas reglas prudenciales derivadas del Acuerdo de Basilea III, reforzando la calidad de sus fondos propios (en particular, aquellos de primera calidad), mitigando apalancamiento y mejorando la gestión y supervisión del riesgo de liquidez.

Sólo así será posible la reducción de la exposición al riesgo y sólo así será posible alcanzar una percepción más favorable de los mercados financieros en relación a la economía portuguesa y la consecuente disminución de las primas de riesgo asociadas a la financiación de la economía.

Conclusión

En resumen, la “nueva normalidad” se corresponde con una realidad en la que los niveles del endeudamiento externo, del endeudamiento público y del endeudamiento de las familias y de las empresas permanecerán muy elevados.

En este contexto, será necesaria la confianza de los mercados para que la financiación de la economía se haga al menor coste y en las mejores condiciones. La estabilidad de las cuentas públicas, la capacidad de ahorro de las familias, la calidad del endeudamiento de las empresas y el refuerzo del capital de los bancos serán decisivos para restablecer y mantener esa confianza.

Muchas gracias.


Madrid, 30 de Noviembre 2011

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